Consigna: Elegir el comienzo de un libro a partir de éste escribir un texto.
'Se que me acusan de soberbia y también de misantropía. Y talvez de locura.' No voy a decir que están equivocados porque ¿quién es uno mismo para juzgar a su propia persona? Pero si puedo justificar mi comportamiento y excusar mis frías miradas, aunque cada una de ellas este cargada con genuina repulsión. La soberbia que me atribuyen no es más que desprecio, pero desprecio hacia el resto y a mi misma. No me creo superior a ninguno de ustedes lectores, soy parte del mismo crudo conjunto de insensibles entes. No soy ni más ni menos, estamos todos mal. Es posible que sea misantropía el nombre para mi locura, o locura el nombre para mi misantropía, pero sinceramente no me interesa. ¿Por qué la necesidad de etiquetar cada sentimiento? No se lo que es ni como surgió, pero si cuando inició.
Fue en una fría tarde de Julio en la que el sol parecía haberse escondido para siempre. Un viento helado recorría la calle Belgrano de Norte a Sur, invirtiendo paraguas y dejando escapar un sonido melancólico y malaventurado. Fue el destino el que me llevó a mendigar por compasión a aquella calle agitada. Ni una mirada me compartieron las personas que con apuro cruzaban las calles. En aquel momento, el de mayor necesidad y sufrimiento, la masa se escurría indiferente entre mis manos vacías. No sabía donde estaba ni como había llegado allí. Solo sabía que no existía forma de ir ni de volver, de comer ni de beber, y las mujeres y hombres de traje se burlaron de mi miseria con su cruel desinterés, incapaces por naturaleza de demostrar solidaridad.
Aunque algunos insistan en que no, en que hay personas que valen la pena, yo he comprobado con mis propias lagrimas que son todos iguales. Despreciables egocéntricos, egoístas y ciegos. No piensan en nada más que sus pertenencias, sus familias y su camino al trabajo. Sus mentes no escapan del día a día y solo se concentran en tener más y más. Sin dispensables, reemplazables, descartables, y en esto me incluyo concientemente, y a ustedes lectores. Ninguno de nosotros merece vivir.
07 junio, 2011
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