Consigna: Elegir el comienzo de un libro a partir de éste escribir un texto.
'Se que me acusan de soberbia y también de misantropía. Y talvez de locura.' No voy a decir que están equivocados porque ¿quién es uno mismo para juzgar a su propia persona? Pero si puedo justificar mi comportamiento y excusar mis frías miradas, aunque cada una de ellas este cargada con genuina repulsión. La soberbia que me atribuyen no es más que desprecio, pero desprecio hacia el resto y a mi misma. No me creo superior a ninguno de ustedes lectores, soy parte del mismo crudo conjunto de insensibles entes. No soy ni más ni menos, estamos todos mal. Es posible que sea misantropía el nombre para mi locura, o locura el nombre para mi misantropía, pero sinceramente no me interesa. ¿Por qué la necesidad de etiquetar cada sentimiento? No se lo que es ni como surgió, pero si cuando inició.
Fue en una fría tarde de Julio en la que el sol parecía haberse escondido para siempre. Un viento helado recorría la calle Belgrano de Norte a Sur, invirtiendo paraguas y dejando escapar un sonido melancólico y malaventurado. Fue el destino el que me llevó a mendigar por compasión a aquella calle agitada. Ni una mirada me compartieron las personas que con apuro cruzaban las calles. En aquel momento, el de mayor necesidad y sufrimiento, la masa se escurría indiferente entre mis manos vacías. No sabía donde estaba ni como había llegado allí. Solo sabía que no existía forma de ir ni de volver, de comer ni de beber, y las mujeres y hombres de traje se burlaron de mi miseria con su cruel desinterés, incapaces por naturaleza de demostrar solidaridad.
Aunque algunos insistan en que no, en que hay personas que valen la pena, yo he comprobado con mis propias lagrimas que son todos iguales. Despreciables egocéntricos, egoístas y ciegos. No piensan en nada más que sus pertenencias, sus familias y su camino al trabajo. Sus mentes no escapan del día a día y solo se concentran en tener más y más. Sin dispensables, reemplazables, descartables, y en esto me incluyo concientemente, y a ustedes lectores. Ninguno de nosotros merece vivir.
07 junio, 2011
29 marzo, 2011
Ana.
Ana siempre soñó con ser una escritora. Horas y horas se pasaba en la biblioteca leyendo las obras mas conocidas. Tomaba notas y todo, querías ser la mejor. Como me reía por dentro cuando leía los cuentos de Ana. Ponía continuamente la conjugación “Vos andantes”, escribía a través todo junto y siempre usaba la palabra temerario para describir algo aterrador. Sus cuentos eran un divertimento para la familia, y sin embargo una vergüenza para Ana, quien quería ser una escritora publicada como su padre. Pobre Ana, la escritura no era la suyo, pero es verdad que se esforzaba, horas y horas en la biblioteca.
Presentaba sus historias en los concursos mas importantes, a los mismos que yo. Como dije, quería ser la mejor. Obviamente los cuentos regresaban, una y otra vez sin un peso en el sobre, porque como también ya dije, la escritura no era lo suyo.
Pero un día ana se enfermó, y se enfermó muy gravemente. Los doctores me decían que no había mucha esperanza, y decían mucha solo para hacerme sentir mejor, o menos peor. Yo quería que Ana viviera la experiencia de ganar. Yo quería verla sonreír con el premio en una mano y el cuento publicado en la otra, quería hacer a mi hija feliz. Conseguí un concurso, era de los grandes, y cuando llego la hora de enviar nuestros cuentos tome una birome e invertí los nombres. Quizás pasara vergüenza, pero sabía que valía la pena.
El tiempo pasaba y los sobres no llegaban. Y lo más doloroso de todo, Ana empeoraba. Empeoró hasta que los doctores sacaron el mucha de la frase y terminaron por decir “no hay esperanza”. El funeral fue muy intimo, solo la familia, y decidimos enterrarla con uno de sus cuentos, el mejor, ese sobre un viaje temerario que en verdad era aterrador. Ana, la escritura no era lo suyo, pero nunca podría habérselo dicho.
Meses después saqué dos sobres grandes del buzón de la casa. Los miré por varios minutos y finalmente abrí el primero. ¿Sería el cuento nuevamente rechazado? Mucho no me importaba, no vería a Ana sonreír. Sin embargo, sería bueno para su memoria: su sonrisa un recuerdo inventado, un libro con su nombre grabado. Abrí el sobre y lo saqué, si, era un libro, un libro de cuentos verde y flaco, y en la primera página encontré un cheque por mil pesos, un cheque con mi nombre. Contra el verde de la tapa resaltaba el mismo nombre, y justo al lado un título: “un viaje aterrador”.
Presentaba sus historias en los concursos mas importantes, a los mismos que yo. Como dije, quería ser la mejor. Obviamente los cuentos regresaban, una y otra vez sin un peso en el sobre, porque como también ya dije, la escritura no era lo suyo.
Pero un día ana se enfermó, y se enfermó muy gravemente. Los doctores me decían que no había mucha esperanza, y decían mucha solo para hacerme sentir mejor, o menos peor. Yo quería que Ana viviera la experiencia de ganar. Yo quería verla sonreír con el premio en una mano y el cuento publicado en la otra, quería hacer a mi hija feliz. Conseguí un concurso, era de los grandes, y cuando llego la hora de enviar nuestros cuentos tome una birome e invertí los nombres. Quizás pasara vergüenza, pero sabía que valía la pena.
El tiempo pasaba y los sobres no llegaban. Y lo más doloroso de todo, Ana empeoraba. Empeoró hasta que los doctores sacaron el mucha de la frase y terminaron por decir “no hay esperanza”. El funeral fue muy intimo, solo la familia, y decidimos enterrarla con uno de sus cuentos, el mejor, ese sobre un viaje temerario que en verdad era aterrador. Ana, la escritura no era lo suyo, pero nunca podría habérselo dicho.
Meses después saqué dos sobres grandes del buzón de la casa. Los miré por varios minutos y finalmente abrí el primero. ¿Sería el cuento nuevamente rechazado? Mucho no me importaba, no vería a Ana sonreír. Sin embargo, sería bueno para su memoria: su sonrisa un recuerdo inventado, un libro con su nombre grabado. Abrí el sobre y lo saqué, si, era un libro, un libro de cuentos verde y flaco, y en la primera página encontré un cheque por mil pesos, un cheque con mi nombre. Contra el verde de la tapa resaltaba el mismo nombre, y justo al lado un título: “un viaje aterrador”.
27 marzo, 2011
Vida.
Me desperté transpirada, con la nuca empapada, el flequillo separado y los ojos mojados. Trate de recordar ¿qué había soñado? Nada me vino a la mente. Suele pasarme, asustarme por nada, llorar sin razón, perderme momentos. No me explico como siempre termino mal. No me explico como nunca hay pesadilla.
Me puse a pensar en la vida, en la muerte. ¿por qué será que la gente se compra mascotas? Saben que van a morir temprano. Hay cosas que simplemente no tienen explicación. ¿acaso la gente quiere sufrir? ¿acaso la gente sí se deja estar porque quieren vivir en las villas miserias? Una teoría que nunca quise aceptar. Entonces, ¿cuál es la respuesta? La gente busca amor. Quiere un perro que lo lama y un lugar donde habitar. Quiere a alguien que los cuide cuando ni ellos se pueden mirar y decir: algo anda mal. Quieren una excusa para sonreír cuando todo esta mal, un alguien que te seque las lagrimas y la nuca, alguien que te acomode el flequillo y te bese la frente cuando hay que llorar.
Me levanté de la cama, no quería estar sola. Sin embargo no había nadie ni afuera ni adentro, ni siquiera doblando a la derecha y tocando la puerta. A veces pienso que la solución de mi hermana para todos sus problemas es la perfecta. Irse simplemente, irse de parranda. Tomar hasta olvidar los problemas, besar a cualquiera que le ofrezca ese amor ya mencionado y tanto buscado, pero siempre en escalas imperceptibles. En cambio mi mama no se escapa, sino todo lo contrario. Si parece que yo lloro por nada y lloro por todo, ni se imaginen a mi mama. No hay día que sus ojos no estén rojos, y no se puede culpar a las drogas, como lo hago con mi hermana.
Fui a la cocina y me serví un vaso de agua, lleno de microbios, como diría mi abuela. La apoye en la mesa y la observe por unos minutos. Si, tenia algunas cositas flotando. ¿serian gérmenes? ¿serian seres vivos? Ojala pudiera separarlas del agua y mirarlas con atención. Quizás ellas también buscaran amor. Quizás si las separara se arrastrarían las unas a las otras. O quizás son solo microbios. Me tome el vaso de agua. ¿dónde estaría mi mama? Esperaba que en su cuarto, pero no escuchaba llantos. Camine hasta su puerta y la empujé lentamente. No estaba. Trabajando, supuse, y dejó sus pastillas como siempre. Si le devolvieran lo que gasta en cada antidepresivo que se pudre en la mesita de luz, no tendríamos tantos problemas.
Hay momentos en la vida que la esperanza es algo abstracto. Lo ves en las películas, lo ves en las sonrisas de extraños, y sin embargo no es algo que puedas sentir. Es como el amor, ¿qué es el amor? Un beso, una caricia, ¿una mirada sostenida? La verdad no sabría decir, nunca sentí nada parecido. No estoy segura ni siquiera de que la gente valga la pena. Solo causan problemas, aumentan el peso, suman a la vida propia la carga que llevan en la espalda. Hay veces que considero escapar, buscar un rincón solitario en el medio de la nada donde poder gritar a los cuatro vientos y poder ser yo misma sin limitaciones, sin las barreras que crea la gente que nos importa. He llegado a considerar hasta abandonarlo todo, porque quizás a lo lejos me espera algo iluminado, un universo de soledad. Sin embargo acá sigo, entre las pastillas y mi vaso con microbios, entre mi cama desarmada y el vacío que solían ocupar mi hermana y mi mamá.
Me puse a pensar en la vida, en la muerte. ¿por qué será que la gente se compra mascotas? Saben que van a morir temprano. Hay cosas que simplemente no tienen explicación. ¿acaso la gente quiere sufrir? ¿acaso la gente sí se deja estar porque quieren vivir en las villas miserias? Una teoría que nunca quise aceptar. Entonces, ¿cuál es la respuesta? La gente busca amor. Quiere un perro que lo lama y un lugar donde habitar. Quiere a alguien que los cuide cuando ni ellos se pueden mirar y decir: algo anda mal. Quieren una excusa para sonreír cuando todo esta mal, un alguien que te seque las lagrimas y la nuca, alguien que te acomode el flequillo y te bese la frente cuando hay que llorar.
Me levanté de la cama, no quería estar sola. Sin embargo no había nadie ni afuera ni adentro, ni siquiera doblando a la derecha y tocando la puerta. A veces pienso que la solución de mi hermana para todos sus problemas es la perfecta. Irse simplemente, irse de parranda. Tomar hasta olvidar los problemas, besar a cualquiera que le ofrezca ese amor ya mencionado y tanto buscado, pero siempre en escalas imperceptibles. En cambio mi mama no se escapa, sino todo lo contrario. Si parece que yo lloro por nada y lloro por todo, ni se imaginen a mi mama. No hay día que sus ojos no estén rojos, y no se puede culpar a las drogas, como lo hago con mi hermana.
Fui a la cocina y me serví un vaso de agua, lleno de microbios, como diría mi abuela. La apoye en la mesa y la observe por unos minutos. Si, tenia algunas cositas flotando. ¿serian gérmenes? ¿serian seres vivos? Ojala pudiera separarlas del agua y mirarlas con atención. Quizás ellas también buscaran amor. Quizás si las separara se arrastrarían las unas a las otras. O quizás son solo microbios. Me tome el vaso de agua. ¿dónde estaría mi mama? Esperaba que en su cuarto, pero no escuchaba llantos. Camine hasta su puerta y la empujé lentamente. No estaba. Trabajando, supuse, y dejó sus pastillas como siempre. Si le devolvieran lo que gasta en cada antidepresivo que se pudre en la mesita de luz, no tendríamos tantos problemas.
Hay momentos en la vida que la esperanza es algo abstracto. Lo ves en las películas, lo ves en las sonrisas de extraños, y sin embargo no es algo que puedas sentir. Es como el amor, ¿qué es el amor? Un beso, una caricia, ¿una mirada sostenida? La verdad no sabría decir, nunca sentí nada parecido. No estoy segura ni siquiera de que la gente valga la pena. Solo causan problemas, aumentan el peso, suman a la vida propia la carga que llevan en la espalda. Hay veces que considero escapar, buscar un rincón solitario en el medio de la nada donde poder gritar a los cuatro vientos y poder ser yo misma sin limitaciones, sin las barreras que crea la gente que nos importa. He llegado a considerar hasta abandonarlo todo, porque quizás a lo lejos me espera algo iluminado, un universo de soledad. Sin embargo acá sigo, entre las pastillas y mi vaso con microbios, entre mi cama desarmada y el vacío que solían ocupar mi hermana y mi mamá.
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